Todos los caminos conducen a Roma

Hubo un tiempo (imperial) en que todos los caminos conducían a Roma. A través de las vías Appia, Flaminia y Aurelia podía llegarse a la capital, porque todas llevaban allí.
En Ciutadella, hace un cuarto de siglo que ocurre algo similar.
Cada vez que el Ayuntamiento mueve una piedra, siempre aparecen los mismos. Nombres y apellidos reincidentes con paraguas diferentes bajo los que cobijarse. Un entramado empresarial que ha crecido al albor de la democracia y que ha multiplicado su negocio ajeno a las alternancias y crisis políticas del municipio. Nada ha cercenado su progresión. Para ellos, siempre ha habido un puerto al que arribar.
Todo ha estado de su lado. Hasta la complicidad de los gobernantes, que han callado u omitido su responsabilidad cuando las decisiones podían perjudicarles. Así ocurrió, hace ya hace más de 30 años, cuando la Justicia sancionó la reparcelación ilegal de los núcleos rurales de Son Aiet y Ses Retxilleres. 30 millones de pesetas de entonces que los infractores no llegaron a pagar. Como los 60.000 euros de multa que, por las graves irregularidades en la gestión de los servicios funerarios, debía imponerles en 2008 la Conselleria de Salut del Govern. La dejación de la administración autonómica hizo caducar el expediente, de tal guisa que ni la interposición de nuevas denuncias pudo conseguir que fueran multados.
La ‘mafia’, que así se la conoce popularmente, vuelve a estar estos días en el punto de mira. Para desgracia de estos promotores y economistas, a quienes la discreción pública de sus actos y la ausencia de declaraciones en los medios habían mantenido durante décadas al margen de cualquier controversia. Como si su existencia fuera sólo una leyenda urbana de un pueblo que, cual Roma, a veces se cree el ombligo del mundo.
Fernando Orfila Marquès y los hermanos Antoni y Francesc Cavaller Gener son las vías Appia, Flaminia y Aurelia de este imperio de gran proyección empresarial. Sus redes, cual tentáculos, se mueven a través de sociedades de nombre rimbombante (Nexport, Edisa Cóndor, Fetosi Desarrollos, Rafalet des Faro, Edifincas Menorca, Gel-Fux…) que también implican a terceros, socios necesarios para la correcta gestación de sus planes. Desde Pedro Salord Pons al ya fallecido Jaume Gelabert Quetglas. El empresario con desigual fortuna que, tras ver quebrado su comercio de maderas (Bargargel) y rentabilizada la fabricación de cocarrosses (Sillas Menorca), heredó de su madre los terrenos que el Ayuntamiento estaba condenado a expropiarle.
61.200 metros cuadrados de S’Hort den Llinyà, en la zona verde del Canal Salat, que hace una década fueron objeto de sucesivos vaivenes de la administración. Desde un recinto ferial a un observatorio astronómico y un futuro auditorio. Planes y más planes que no tendrían razón de ser sin la intervención de Gelabert, quien los vendió al municipio a cambio de terrenos largamente ambicionados por la ‘mafia’.
Fueron meses de copiosa y notoria -en lo gastronómico- negociación con el entonces concejal Avel.lí Casasnovas, el mismo que en el mandato anterior había acudido de su mano a hablar con Pau Lluch sobre la expropiación y que ahora aparecía como interlocutor de la administración. Gestando a la vez la compra de S’Hort den Llinyà y la permuta que dio al Ajuntament el edificio de Can Saura Morell a cambio del solar de primera línea del Passeig Marítim, que sus predecesores habían bautizado como la ‘joya de la corona’. Esto es, el valor patrimonial más preciado con el que contaba el Ayuntamiento y cuya finca vecina acababa de canjear el socialista Manel Mascaró a Fernando Orfila por el emblemático bar de Cas General.
Era cuestión de tiempo que el solar colindante, el mismo que habían cedido al Ajuntament en compensación por el diez por ciento de aprovechamiento medio del desarrollo del Passeig Marítim (sector B-8), volviera a sus manos. Y así fue. Primero lo intentaron por sí mismos, ofertando al Ayuntamiento la permuta del solar por una planta baja de oficinas de reciente construcción. Y, luego, a través de Nerer Inmobiliaria, la sociedad sin otra actividad conocida a quien La Caixa había vendido Can Saura Morell. Antes de que se consumara la permuta con el Ayuntamiento, contactaron con el coadministrador de Nerer, José María Vilanova, quien encontró comprador donde siempre.
Por eso, encargaron a Francisco Cavaller Pons la redacción del proyecto. Por eso, se constituyó Gel-Fux, con su padre administrando la nueva sociedad propietaria al lado del hijo mayor de Gelabert.
Y, por eso, el precio de la transacción fue el mismo -céntimos incluidos- que el pagado dos años atrás.
La casualidad, o no, quiso que el mismo pleno en que se aprobaba la compra de S’Hort den Llinyà, el 15 de diciembre de 2005, también se diera luz verde a la permuta con Nerer. Una operación sustentada en una tasación de parte (TINSA), que el Ayuntamiento aceptó pese a que elevaba en 700.000 euros la que había realizado la arquitecto municipal. Pese a que Nerer había comprado el palacio ofertado a cambio del solar por un precio casi un millón de euros inferior.
El revuelo político suscitado por este acuerdo fue tal que Avel.lí Casasnovas decidió que, desde entonces, todas las valoraciones de permuta municipales las haría TINSA. Para regocijo de Antoni Gordi, tasador de la consultora en Ciutadella y amigo de Antoni Cavaller, con quien compartía la vicepresidencia del Club Nàutic.
Luego Gordi sería el director ejecutivo de la obra promovida por la sociedad Gel-Fux.
«Todo lo que hacemos es legal. No hemos engañado a nadie», se defendía entonces uno de los empresarios aludidos. Lo cierto es que el Ayuntamiento, a instancias del concejal Joan Triay, llegó a investigarlos y demandarles, tras siete años de indecisión, por incumplir el convenio que ambas partes rubricaron en 1998 para facilitar la construcción del hotel Port Ciutadella a cambio del abastecimiento de agua desde los pozos de Son Pere y Son March. La administración no se ajustó a los plazos pactados, pero la promotora, que gestionaba el cementerio nuevo, cortó el suministro.
Desde entonces, las sociedades han empujado al Ayuntamiento a promover el desarrollo de los 300.000 metros cuadrados del futuro polígono, cuya titularidad ostentan de forma mayoritaria, lo que -unido a la actual carestía- ha encarecido el precio del suelo industrial.
Además, han adquirido Es Rafalet para engrosar los más de 500.000 metros de suelo rústico que controlan en Sa Farola, los mismos con los que especularon en 1995 para alentar el crecimiento residencial asociado al dique (en los sectores C-2 y C-3) y donde, siendo socio de gobierno del PP en el Consistorio, Llorenç Casasnovas propuso construir un polígono náutico.
Algún día, cuando aquello se desarrolle, el Ayuntamiento levantará una piedra y aparecerán ellos. La ‘mafia’. Otra vez.

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