La maldición de la mujer barbuda

Desde muy pequeña, mi hija siempre le pedía un perro a los Reyes. Y mira que son Magos que cada 6 de enero, junto a su zapatilla, aparecían todo tipo de regalos, hasta animales. Desde un canario a peces, tortuguitas o un conejo enano muy chistoso al que apodamos “Little”. Pero nunca amanecimos con un cachorrito que nos mirase con cara de niño, moviera la cola, nos dijera “guau” y nos lamiese la cara. Y ya pensaba yo que el perrito no llegaría cuando, hace casi ocho meses, Laia me envió por whatsapp la foto de una camada. Ocho ‘raters’ mezclados con carlino y un “què monu!” junto al más gracioso de todos.

Fue empezar a cuidarlo y acordarme de la predicción que me hizo una señora de Alaior con su péndulo, tras una entrevista de trabajo, hace 22 años. “Tendrás dos niñas y un niño”, auguró, moviendo esa cadena de un lado al otro, como si me estuviera hipnotizando. No le di más importancia hasta que, al cabo de un año, la chica con la que salía quedó embarazada y tuve a mi primera hija. Y después, la otra. Total, que me ha quedado pendiente el niño. Y ya no sé si lo tendré, o si será este cachorrito al que, con el tiempo, voy queriendo como algo mío. Lo cierto es que, crea o no, tengo aún bien presente el vaticinio de aquella adivina.

Hace unos meses, por circunstancias, otra profesional del ramo me leyó las cartas y, por poca credibilidad que le dé, no puedo olvidar lo que me dijo. Sobre todo si, después del verano, va y se cumple. Además, estos últimos años he conocido algunas personas extremadamente sensibles que dicen haber presentido o adivinado con antelación hechos trascendentes de su vida. Y me cuesta no creerlas…

El poder de persuasión y sugestión en estos casos depende también de lo receptivos que estemos a sentirlo. Y yo estas últimas semanas andaba especialmente pendiente de uno de ellos. Desde que Conchita Wurst, una transexual colombiana con barba, se impuso representando a Áustria en el Festival de Eurovisión, he creído firmemente en que se repetiría la espiral de coincidencias que ya se dieron en 1966, la última vez que el país centroeuropeo triunfó en el mismo certamen de la canción. Entonces, el Atlético ganó la Liga y el Real Madrid la Copa de Europa. Como ahora, que el club blanco ha logrado su décima Champions y se ha coronado de nuevo como rey del fútbol. Todo se ha cumplido. Incluso las elecciones europeas de hoy. Que hace 46 años no existían y ahora simplemente no interesan. No hay quien se autosugestione con ellas.

Cumplida la, para mi, bendición blanca de la mujer barbuda, ya solo me queda esperar a que se hagan realidad mis deseos. Los de corazón, y nada materiales, que incluyo en la carta que acabo de escribir con mi mente a los Reyes Magos. Si quieres, puedes. Pues eso…

2 Responses to “La maldición de la mujer barbuda”

  1. manumenorca dice:

    … “dios ayuda a quien se ayuda” dice el dicho. Es del todo cierto, pues “quien algo quiere, algo le cuesta”, y las iglesias estaban hartas de que los feligreses entendieran la fe como una lista de peticiones al éter, y eso era peligroso para ellas, pues debido a la imposibilidad de atenderlas, se descubriría el pastel, el pastel de la inexistencia del entramado dioses-santos-velitas-rezos y deseos cumplidos. Los niños crecen y se tornan en adultos con algo más en la sesera, cambiando ilusión por un baño de realidad, de la que se caen el ratoncito pérez, el santa claus y la mujer barbuda… bueno, no todos, los hay que hacen una pataleta, y se aferran al siguiente nivel, trocando personajes de fantasía por superhéroes de ficción, llamándoles santos y dioses… o en su defecto, la astrología, la adivinación o los crucifijos king size del Cholo Simeone… Pero para eso también hay terapias, no hay que preocuparse.

  2. kenny sang dice:

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